SER O LLEGAR A SER, ESTA ES LA CUESTIÓN

SER O LLEGAR A SER, ESTA ES LA CUESTIÓN

¿Qué es lo que nos hace diferentes? 

¿Qué hace que unas personas sean más inteligentes o tengan más talento que otras?

Walter Mischel, catedrático de psicología de la Universidad de Columbia responde a estas preguntas señalando que “lo que somos y lo que llegamos a ser es el reflejo de la interacción de influencias genéticas y ambientales en una coreografía enormemente compleja”.

Parece obvio que la naturaleza, la genética, determina que unas personas nazcan con unas determinadas características que, a priori, las hacen más aptas para ciertas actividades. Y no es menos cierto que las condiciones ambientales (la educación, la experiencia, la actitud) influyen en lo que una persona puede llegar a ser.

Y entonces, ¿qué es más relevante a la hora de determinar nuestra inteligencia, nuestro talento: la genética o la experiencia?

A este respecto, el psicólogo y neurocientífico Donald Hebb decía que preguntarse en qué medida influyen los genes  o la naturaleza y en cuál los aspectos ambientales o la experiencia es  como preguntar qué es lo que más determina el área de un rectángulo, si el largo o el ancho.

Sin embargo, en más ocasiones de las deseables actuamos sobre la premisa de que el talento está determinado tan solo por la naturaleza, y nos etiquetamos con facilidad, identificándonos con nuestras capacidades e incapacidades, orientando de manera más o menos consciente nuestro comportamiento para demostrar lo que decimos ser, necesitando probarlo constantemente. Así, cada situación es evaluada, ¿pareceré inteligente o tonto?, ¿me aceptarán o seré rechazado?, ¿me sentiré como un ganador o como un perdedor?.

La  actitud que adoptemos a este respecto condiciona profundamente la forma en la que dirigimos nuestra vida.

Desarrollo del Talento

Si el talento viene determinado por ambos factores, naturaleza y experiencia, la posibilidad de desarrollarlo depende de nosotros, está dentro de nuestro círculo de influencia, pues en nuestra mano está vivir ciertas experiencias y la actitud que adoptemos con ellas.

Cuando hablamos de desarrollo del talento nos referimos al proceso de aprendizaje de nuevas competencias, capacidades, habilidades que nos permiten ser mejores y tener más eficacia en aquellos ámbitos que hayamos elegido, en el mundo de la empresa, en los deportes o en cualquier actividad artística, por ejemplo.

El proceso de aprendizaje supone asomarnos más allá de nuestra zona de confort, saliendo de ella para experimentar y adquirir nuevos conocimientos y habilidades que nos permitirán ampliarla.

El ciclo que caracteriza este proceso lo podemos observar en la figura anexa:

 

Se inicia en el momento en el que somos conscientes de que no tenemos competencia respecto de algo. Posteriormente y con ayuda de nuestro esfuerzo, entrenamiento, perseverancia y dedicación iremos adquiriendo la competencia deseada; en esta fase, nuestra atención se centra en el propio desarrollo de la competencia hasta que, con intencionada y repetida práctica integramos este nuevo aprendizaje entre nuestro repertorio de comportamientos automáticos o, dicho de otra forma, logramos no ser conscientes de nuestra competencia.

Mentalidad Fija y de Crecimiento

Carol Dweck, autora de la teoría de la Mentalidad “Fija” y la Mentalidad de “Crecimiento”, en su libro “Mindset” sindica cómo la mentalidad de crecimiento (Growth Mindset) se basa en la creencia de que nuestras capacidades son algo que podemos cultivar con esfuerzo, estrategia y la ayuda de otros. Aunque en un inicio somos diferentes en nuestras capacidades innatas, nuestras aptitudes y temperamentos todos podemos cambiar y crecer por medio de la práctica y la experiencia. Por el contrario, desde una mentalidad “fija”  (Fixed Mindset) estas capacidades se consideran inalterables, según sus palabras “grabadas en piedra”; se considera que el talento nos viene dado por la naturaleza y que, si bien podemos llegar a aprender nuevos comportamientos, difícilmente podremos tener más talento, ni ser más inteligentes de lo que somos.

Abandonar nuestra zona de confort desde una mentalidad “fija” se hace realmente complicado y hace, en su caso, muy costoso y difícil el aprendizaje; no es la mentalidad que va a permitirnos progresar en la zona de aprendizaje, donde sin lugar a dudas nos vamos a encontrar con situaciones desafiantes que tendremos que superar con mayor o menor esfuerzo, cometiendo posiblemente unos cuantos errores, haciendo frente a algún revés o contratiempo.

Para la mentalidad de crecimiento lo importante no es lo que se es, lo verdaderamente relevante es lo que uno llegará a ser; es esta la mentalidad que permite la superación constante que nos permite ir mucho más lejos de lo que jamás pudimos soñar.

La actitud ante los retos

Cuando actuamos con una actitud o  mentalidad “fija”,  un reto es una situación a evitar ya que nos pone a prueba, pone a prueba las capacidades con las que nos identificamos y, de este modo, se percibe muy alto el riesgo de no responder a las expectativas generadas por esas supuestas capacidades.

La mentalidad de crecimiento no se identifica con las capacidades que se poseen sino que pone el foco en el desarrollo de estas capacidades, que no considera fijas ni inalterables, y ante un reto verá una oportunidad de crecer, de ampliar sus capacidades.


La actitud ante el esfuerzo

Además, quien se identifica con sus capacidades, “yo soy inteligente”, verá el esfuerzo como una debilidad pues considerando que es la genética la determinante de su talento y capacidades el hecho de esforzarse supondrá no poseer la suficiente cantidad de aquellos.

La mentalidad opuesta, la de crecimiento, entiende el esfuerzo como la forma de conseguir desarrollar su talento.

La actitud ante los errores

Por otra parte, los errores son una fuente de diálogo interno extremadamente duro y negativo que daña la autoestima de las personas con mentalidad “fija” y algo a evitar y ocultar, mientras que para quien cree en el crecimiento personal, en que las capacidades y el talento se desarrollan, son una fuente más de aprendizaje; no sentirán que están fracasando si no que están aprendiendo. Los que tienen una mentalidad fija, en lugar de aprender de sus errores intentarán a toda costa recuperar su autoestima.

En lo que respecta a los reveses o contratiempos que pueden surgir en todo proceso de aprendizaje y en la vida en general, lejos de ser una ocasión para darse por vencido, quien tiene una mentalidad de crecimiento, aún sintiendo la frustración que un revés suele desencadenar, demostrarán con perseverancia y resiliencia que aquello que parecía “lo peor” ha llegado a ser el desencadenante de “lo mejor”.

La actitud ante la crítica

Después de todo lo dicho, es fácil entender que la critica no será bien recibida por quienes tienen mentalidad “fija”, ya que al identificarse con sus capacidades la entienden como algo personal que les obligar a adoptar una actitud defensiva plagada de justificaciones muy razonables.

Una fuente valiosa de información es lo que la crítica representa para quien tiene una mentalidad de crecimiento. Es esta mentalidad la que conduce a la excelencia, la que nos hace superarnos y alcanzar no cualquier cosa que uno se plantee, pero sí logros que sin duda pueden parecer impensables en un primer momento.

La diferencia que hace la diferencia en las organizaciones

En el mundo de la empresa cada año se destinan miles de euros y cientos de horas a tratar de enseñar a líderes y managers cómo desarrollar el potencial de sus colaboradores y cómo darles feedback efectivo. Muchos de estos programas son inefectivos, y muchos líderes y managers continúan siendo coaches inefectivos. ¿realmente no pueden formarse? No, esta no es la razón; muchos managers no creen en el cambio personal, esa es la mayor de las razones. esta mentalidad fija de muchos managers simplemente se centra en el talento que ya existe y no en el talento potencial, juzgan de este modo a la os empleados como competentes o incompetentes desde el inicio, y eso es todo.

¿por qué molestarte y dedicar esfuerzos y tiempo en algo que no se puede cambiar?

Sin embargo, los  managers con una mentalidad de crecimiento están realmente comprometidos en el desarrollo de sus colaboradores y en el suyo mismo; este es uno de los aspectos que les hace ser buenos líderes, pues el desarrollo personal y de los otros es fundamento de la efectividad personal, una de las características de todo líder con alto rendimiento.

Como señala Bob Andersson (“The Leadership Circle”), el desarrollo del liderazgo debe ir acorde con lo que se necesita para seguir siendo efectivo en un complejo, incierto y cambiante entorno empresarial. Los líderes que se comprometen a mejorar su desempeño deben comprometerse a crecer como individuos, volviéndose cada vez más competentes y conscientes de sí mismos. Esta actitud ha de modelar el desarrollo de sus colaboradores. Un liderazgo que considera que “la inteligencia” solo está en la pirámide jerárquica, que no es valiente con los retos, que adopta posiciones defensivas ante la crítica no podrá modelar el desarrollo continuo; esta mentalidad fija es “cortoplacista” y poco efectiva.

La cuestión por lo tanto es si nos orientamos por lo que somos o por o que podemos llegar a ser.

Nuestro taller Growth Mindset (Mentalidad de Crecimiento) se ofrece como introducción a cualquier proyecto de cambio, y en los programas de desarrollo, pídenos información sin compromiso.

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